Domingo, 29 de agosto de 2010 • 12:20h.
5 años después del katrina
Aún tengo en la memoria levantarme cada mañana en la habitación del hotel Fairmont, encender el televisor y ver las noticias. En el espacio dedicado a la meteorología, anunciaban temperaturas superiores a los 35 grados y humedades relativas por encima del 80%. Cada día era "otro día más de calor insoportable" pero amenazaban con lluvias, fuertes lluvias. Finalizaban con el consejo de que se evitaran los desplazamientos si no eran estrictamente necesarios. Menos la temperatura y la humedad, todo parecía un error de predicción. Andar por las calles de  New Orleans  era un suplicio. Refugiarse en el parque Louis Amstrong, bajo la sombra de un árbol y refrescarse con el agua de los aspersores parecía la única solución.

 .:: 4COLORS.net - Louis Amstrong ::.

Nunca vi llover y nunca noté más viento del normal. Al terminar las vacaciones, en el aeropuerto tuvimos conocimiento de la posibilidad de que nuestro avión no saliera por precaución. Nadie entendía nada. Todo eran alertas y mirabas al cielo y allí no había nada. Cielos despejados, sol, calor y sudor... mucho sudor.

Poco más de una semana después, el 29 de agosto de 2005, cuando ya estaba al abrigo de mi casa, el Katrina tocó tierra en la ciudad de New Orleans y llovió. Vaya si llovió! E hizo viento... vaya si hizo viento! Y los diques del lago Pontchartrain se derrumbaron y el agua anegó la ciudad.

Sentado en casa, las imágenes que más me impactaron fueron las de la gente asaltando desesperada y con violencia el Walgreens en Canal Street, una especie de supermercado donde entrábamos habitualmente cada mañana para abastecernos de bebidas y comida.

 La ciudad me impactó  por su alegría, por su libertad y por destilar jazz y blues por los cuatro costados. Sí, pasear por Bourbon Street podría asemejarse a nuestro Benidorm, Lloret o Marbella pero mientras en alguno de estos lugares tienen a María Jesús y su chirriante acordeón tocando aún "El baile de los pajaritos", allí te tropezabas con Dr. John o Jamil Sharif.

Algún día, regresaría.

 .:: 4COLORS.net - Spotted Cat ::.

Y en febrero de 2010,  regresé .

Al acercarme a la ciudad y avistar a mi derecha de nuevo el Superdome, se me erizaron los pelos de todo el cuerpo. Recordaba tanto la cúpula entera de cuando la vi por primera vez como la cúpula destrozada por los vientos huracanados por las imágenes de las noticias. Estábamos en pleno  Mardi Gras , la época por la que los habitantes de la ciudad viven el resto del año. No tienen otro objetivo y se nota. Si en agosto encontré alegría, lo del carnaval supera cualquier espectativa, hasta el punto de que puedes visitar barrios normalmente desaconsejados para el turista porque el martes de  Mardi Gras  se dedican a la fiesta y no están para atracos, fechorías o asesinatos. Barbacoas improvisadas en las calles para ver pasar las docenas de carrozas que desfilan durante todo el día de toda la semana previa al día tan señalado. ¿Tienes hambre? Pídeles, asarán un trozo de morcilla, la envolverán en papel de aluminio y te invitarán como si fueras del barrio.

 .:: 4COLORS.net - Mardi Gras ::.

Pero quería ver en qué había cambiado la ciudad tras el Katrina, cinco años después. Escogí mala época. Sus gentes estaban de fiesta, allí nadie quería recordar nada. En el Quarter, la parte menos dañada por la inundación y con sus casas más robustas, encontrar huellas era harto difícil. Escudriñaba las paredes y en muy pocos lugares podía verse la altura que había tomado el agua porque una capa de nueva pintura de un color algo más vivo en las paredes así lo dejaba entrever.

 .:: 4COLORS.net - Walgreens & Mikel Urmeneta ::.

Me fui al hotel, al Fairmont. Debía verlo con mis propios ojos. Lo había buscado por internet meses antes, mientras planeaba el viaje. No lo había encontrado. Una vez allí, pasé por delante del Walgreens que no mostraba ni un solo desperfecto y me acerqué hasta la puerta del hotel que estaba justo al lado. Ahora es un Roosevelt. El portero me indicó que tras el Katrina, el destrozo fue tanto que quebró y fue vendido a esa cadena hotelera. En la actualidad, trabaja con toda normalidad.

En realidad, poca cosa parece haber cambiado. En el Quarter, todo sigue en su sitio. En el 2005 me compré una camiseta del color naranja corredor de la muerte con el lema "property of New Orleans county jail" y en el 2010, la misma tienda la seguía vendiendo. Y la siguen vendiendo igual que antes, ya tengo dos exactamente iguales, con la hipocresía que caracteriza a los americanos: oculta entre muchas otras más banales. «Tenemos corredor de la muerte, pero no iremos presumiendo de esta mierda.»

 .:: 4COLORS.net - Simbología ::.

La percepción cambió al viajar hasta las afueras de la ciudad, hacia el sur del lago Portchartrain, la parte más afectada por las inundaciones. Casas con paredes de papel de fumar vacías, abiertas, desoladas. Casas rehabilitadas y mucho solar vacío dando a entender que allí hubo una casa y que ya no está. Óxido, mucho óxido, y entradas a las casas conservando aún las pintadas que los equipos de rescate hicieron en su día dependiendo de lo que hubieran encontrado en aquella vivienda. Tantos muertos, tantos vivos, cuantos humanos, cuantos animales...

El gobierno estadounidense parece haber olvidado muchas partes de la ciudad pero ¿quién se acerca hasta los barrios más pobres y más peligrosos en la ciudad de USA donde se cometen más asesinatos al año para ver un desastre? Muy pocos. Y, una vez, tres turistas medio locos venidos desde España (que, según muchos creen, es un país que está debajo de México). La vergüenza está muy apartada. El turista interno y el foráneo no se alejan mucho de Bourbon Street. Eso deben pensar.

 .:: 4COLORS.net - Tocando en el Mississippi ::.

Personalmente, estoy enamorado de New Orleans. Volveré a volver. Creí haberla mitificado tras el desastre. Haber estado en un lugar y una semana después verlo arrasado, impacta. Irónicamente pensaba en cómo debía flotar aquel National que tuve en las manos. Estuve a punto de comprarlo pero en el último momento me dio pereza acarrear con una guitarra en el viaje de vuelta. Miraba las tarjetas de todas las tiendas de guitarras que visité y me preguntaba qué habría sido de ellas. Observaba el disco que le compré directamente a Jamil Sharif y hasta muchos meses después no volví a ver que había regresado al Maison Bourbon Jazz Club. Creía que regresar sería un error y que todo estaba en mi mente y que me había pasado un poco idolatrando sus calles, su arte, su música, sus gentes... pero no fue así. Me reenamoré. Me enamoré aún más, si cabe. ¿Quién no caería rendido a los pies de una chica que ama el blues, que bebe en la calle, que fuma en cualquier rincón impunemente y ama practicar sexo rodeada de todo lo anterior? Cierto, está algo más arrugada, más castigada, pero aún está de muy buen ver. Alguien habrá que diga que no es su tipo de mujer o no es la mujer de su vida. Bien, aceptado... pero está muerto.

 "Treme" , serie de HBO de David Simon ("The wire", "Generation kill") es una buena forma de conocer cómo se las apañaron los habitantes de New Orleans tras el huracán. Conocerás la música de sus calles, sus vidas, sus costumbres... su fiesta pese a todo.
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Sábado, 10 de julio de 2010 • 09:00h.
antes de compartirnos la cara
 Antes de compartirnos la cara
Hola.
Compartim pis i jo parlo en somnis un idioma estrany per a tu però cuando estoy despierto, hablo lo que tú quieras con tal de que nos comprendamos.

En casa pongo la música alta, no limpio el baño cuando me toca, duermo y hago ruido a deshoras, monto fiestas en el comedor que luego tardo tres días en ordenar y después de tantos años de convivencia, ya no estoy muy de acuerdo en lo que aportamos cada uno económicamente para sobrevivir... Me ronda por la cabeza que quiero abandonarte, dejarte el apartamento para ti solo porque asumo tu modo de vivir pero no va conmigo y así incluso podremos seguir hablándonos o no perder la amistad. Porque ahora somos amigos, sí, pero tú detestas mis malas costumbres e intentas que me adapte a tu modo de vida cuando no es mi intención que seas tú quien se adapte a la mía. Sí así lo crees, es que aún no has entendido nada y mira que llevamos años hablando y sabiendo como somos.
Deja que alquile el piso de abajo, tú en tu casa y yo en la mía, pero decidamos juntos qué empresa va a arreglar mejor la fachada del bloque que está cayendo a pedazos y si hay que poner un ascensor, discutámoslo, en igualdad de condiciones.

Tengo mucha paciencia y tú parece que quieres que se me agote. Lastimosamente, empiezo a pensar que ya no quiero poner más de mi parte. Por suerte, aún no estoy cabreado ni tengo ganas de estarlo. Eso sí, deja de poner agujas en el sofá para que me pinche cada vez que quiero estar sentado tranquilamente, no hagas que la cuerda coja tensión y se rompa por la mitad.

Tanto te cuesta entenderlo? Me da pereza creer que quieras vivir con alguien que tantos problemas te da. Tanto te jode asumir que nos parecemos pero que no somos idénticos? Ves, me estresas. Debo relajarme de nuevo.

Me tacharás de egoísta, seguro, pero es que hoy me siento estúpido, me siento idiota... estoy descontento. Posiblemente sea mi forma de pensar, la que me predispone a creer que debería ser mucho más fácil y que para que uno se sienta libre debe dar libertad.

Espero que no te lo tomes a mal.
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Martes, 30 de marzo de 2010 • 18:17h.
la cara más cara
 La cara más cara Cuándo se trasplanta una cara?
// me obsesiona el tema //
En qué estación es la más apropiada?
// en verano estaría bien, llevaría el bronceado incorporado //

En Barcelona,  han trasplantado  una cara
// porque de las baratas seguro que no era //
a un paciente que la necesitaba desde otro que ya no
// sería de un tipo valiente que siempre estuvo dispuesto a darla por los demás //

Es lógico, yo solo daría la cara si ya no la necesitara más
// no sé, por ejemplo: acabar convencido de que tu cara es como tu culo y ya te da igual que te vean desnudo caminando al revés //
y solo aceptaría la cara
// nunca la cruz //
de un donante siempre y cuando no fuera la de Jordi González
// uno, cuidándose el cutis durante toda su puta vida para que de repente te implanten el asfalto por rostro //

Donante.

Te haces donante de órganos
// desde el hígado a una fábrica de patés hasta el pie derecho a la productora de "mi pie izquierdo" para que rueden una secuela //
y todo el mundo te respeta
// mira, mira... por ahí va el que dio un ojo de la cara para poder casarse con vanessa, la rusa; mira, mira... el tipo que compró un yate que le costó un huevo //
y personalmente, sientes que aportas algo más allá de la muerte
// por más deshecho social que seas //
excepto si  donas la cara  y eres el puto adefesio de la región
// más que solidario eres un hijo de la gran puta //

Receptor.

Por norma general, a mi me falta cara,
// la timidez me puede. y también la tengo pequeña... la cara, digo //
me gustaría tenerla más dura
// la cara, insisto //
y ya puestos, ser bien parecido
// expresión que siempre me ha hecho gracia: bien parecido, a quién? //

Pero llegados a este punto, la cara de quién?
// joder, qué difícil //
Y puestos a elegir, la de  Milla Jovovich 
// aunque sea la más cara de todas //
porque me gusta más ella que  George Clooney 
// dónde va usted a parar!!! //
porque en estos casos, qué se elije?
// tenga usted el catálogo de caras //
La cara que le gusta a uno o la cara que les gusta a los demás?
// demasiado complejo //

Me imagino levantándome cada día, ir al baño y postrarme delante del espejo para no dejar de mirar admirar a Milla Jovovich...
// sería como entrar por la puerta grande del paraíso //
y estoy seguro que al poco
// si es que al tercer día no he muerto por no soportar tanto placer //
desearía volver al cirujano plástico para que acabaran de implantar-trasplantar
// o lo que mierdas sea //
el resto del kit jovovich
// me haría trizas la columna vertebral en una semana, por descontado //
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Miércoles, 7 de octubre de 2009 • 00:01h.
pedos que matan
El terrorismo islámico toma un nuevo rumbo
// aunque tratándose de terrorismo e islámico, el rumbo es viejo, obsoleto, anacrónico //
con las nuevas técnicas que, al parecer, podría adoptar para realizar sus atentados:  el supositorio explosivo 
// ahora sí, que todo el mundo se irá a tomar por culo //

Admuth Hazel-Gili entró tímidamente pero decidido a matricularse en el Centro de Iniciación a la Inmolación. Escuelas de este tipo, en el mundo islámico, las había a docenas pero ésta, precisamente, gozaba de una excelente reputación. Tenía la fama de que todos sus alumnos no necesitaban de un segundo curso, con el primero tenían más que suficiente para matarse y joder a los demás en la primera detonación.
Hazel-Gili aprendió rápido y llegó el día de su salto al estrellato mucho antes de lo esperado. Era un estúpido aventajado. Aunque no lo sabía, iba a inscribir su nombre como el primero de su promoción en probar una nueva arma: el supositorio explosivo.

Por fin, la investigación terrorista, había encontrado el arma mortífera y camuflable perfecta. Era la evolución de lo que durante mucho tiempo habían estado intentando con una granada de mano metida por el culo del creyente. Ataban una cuerda en la anilla de la espoleta y el novato terrorista debía tirar de ella en cuanto estuviera en el objetivo elegido. Casi nunca funcionó. Una buena parte de culpa la tenía el no poder ensayar. Otra parte era porque o bien la granada no era lo suficientemente potente para reventar el cuerpo de un hombre afligido por el desamor —los que por desengaño acaban encerrándose en una coraza indestructible— o bien, si se trataba de mujeres en época de menstruación, acababan equivocándose y tiraban del cordelito del tampax en medio de una convención de presidentes de estado. Vergonzoso.
La granada de mano metida por el recto acabó retirándose porque nadie quería tentar a la suerte de salir vivo de un intento de inmolación. Los alumnos asumían el dolor de entrada pero si por culpa de seguir vivos, luego debían expulsarla... lo consideraban demasiado sacrificio.

A Hazel-Gili le suministraron la instrumentación necesaria para consumar el atentado y así alcanzar el paraíso donde se encontraría con el montón de vírgenes prometidas.
—Toma, Hazel-Gili, —le dijo el instructor—, cinta americana y el explosivo.
—No necesito cinta para un explosivo tan pequeño, —observó Admuth—. Lo llevaré en el bolsillo del pantalón.
—No, Hazel-Gili —le prohibió de inmediato—. El explosivo es un supositorio que te será instalado a través del recto hasta alojarlo en tu interior y la cinta es para acallar tu dolor. Quejarse irrita a Alá.

Admuth abrió todos sus ojos durante lo que habían bautizado como "la instalación". Soltó gordas lágrimas mientras permaneció con el culo al aire, inclinado en una mesa de cámping en el centro de un frío garage, notando dolorosamente como el instructor le metía el supositorio para acto seguido volver a sacarlo. Hazel-Gili pensó que el artilugio no debía estar totalmente perfeccionado, porque si no, era incomprensible tanto meter y sacar por algo tan pequeño y manejable. Claro que en realidad, entre otras cosas y visto desde otro punto de vista —el de estar de espaldas— parecía más grande, grueso y largo de lo esperado.
Rompió a llorar a moco tendido, pero gracias a la cinta americana lo hizo en silencio, cuando sintió el susurro enternecido del instructor muy cercano al oído:
—Bien, Hazel-Gili, ahora sí ha llegado el momento de introducirte el supositorio.

Cuando la instalación hubo terminado, Hazel-Gili se subió los pantalones pensando en la inutilidad de conseguir un montón de vírgenes a partir de ese momento. Sí, había llorado como un niño pero ya no sabía si de dolor o de placer. Quiso decirle al instructor si no creía necesario instalar otro supositorio, ya no solo por si fallaba el primero sino para que la destrucción fuese mayor, pero aún llevaba la cinta americana en la boca y su petición quedo ahogada. Y el instructor había abandonado el garage.

De Hazel-Gili y su atentado nunca más se supo. Bueno sí, que no lo perpetró. Intentó salir del garage y correr al lugar indicado pero en medio de la calle tuvo que esconderse entre dos contenedores y hacer sus necesidades. Sí que podía haberse tirado allí mismo el pedo fatídico y aprovechar el explosivo pero prefirió vivir, salir del armario y echarse un novio ateo.

Con el paso del tiempo, el supositorio explosivo pasó de invento revolucionario a pura mierda. Siguió la estela de la granada de mano dejándose de fabricar. En cierto modo el extremismo islámico no podía permitirse lanzar mártires afeminados por la causa. Lo intentaron docenas de veces pero aquel que conseguía llegar al objetivo sin irse patas abajo, no detonaba el explosivo alegando que una señorita no se tira pedos en público. Un desastre.
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Domingo, 13 de septiembre de 2009 • 16:49h.
maldita crisis
Sube el combustible
// ya no solo se evapora //
y con el precio que va a alcanzar, mi ilusión en convertirme en un  bonzo  se volatiliza
// no soy ni capaz de decir que arde convirtiéndose en cenizas //
quedando como única esperanza que me queme por combustión espontánea
// he oído que es gratis //
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