Domingo, 17 de enero de 2010 • 09:56h.
hormigas
// en este caso, las más comunes //
corren a sus anchas por el cuarto de baño
// no son muchas, no más de veinte //
y las veo subirse a los grifos,
// como si los fueran a usar como trampolines //
escalan las botellas de gel y champú
// sin resvalarse //
y descienden a las profundidades de la bañera
// sin meterse nunca, por voluntad propia, en el desagüe //
Algunas, las aplasto con el dedo anular
// para corresponder con su nombre, para mantenerlo ejercitado y que no acabe entumecido //
pero muy pocas veces las liquido de buenas a primera
// errores de cálculo, errores de presión //
dejándolas medio pegadas al piso, intentando huir
// las observo debatirse entre la vida y su pronta muerte durante varios segundos //
Nunca
// al ejercer de exterminador //
he dejado de preguntarme: «qué coño estará sintiendo ahora?»
// sufren? gritan? son conscientes de que van a morir? empiezan a encomendarse a su dios hormigón? //
y cuando barro la bañera con el agua a presión, obligándolas a luchar contra viento y marea
// qué bonito símil y qué bien puesto //
para no perder su vida en un miserable desagüe me digo si no se estarán arrepintiendo de haber salido a que les toque el aire
// la hormiga es una incansable trabajadora pero las que hay en mi casa son las que están en periodo de vacaciones //
Este es mi hormigueo diario
// de buena mañana, a primera hora //
y que es un puro paralelismo al hormigueo interno
// con el que parece que juego de la misma forma //
